No pensar en el orgasmo: ¡Tu mejor aliado!

Por Vivián Dufau
Médica Sexóloga, terapeuta sexual y de parejas.
@dradufau.sexologa
www.dradufausexologa.com

¿Qué es el orgasmo? ¿Alguna vez lo experimentaste? ¿Cómo lo describirías? ¿Cuál es tu técnica orgásmica? ¿Existe más de un orgasmo?

Empecemos por el principio. 

El orgasmo, tan deseado por todos y a veces no alcanzado, no es más que una de las fases de la respuesta sexual humana, que tiene como función retomar la calma, es decir, resolver las modificaciones corporales producidas durante la excitación sexual. Habitualmente se asocia a sensaciones placenteras, si bien puede haber personas que les produce angustia, dolor o culpa. 

A lo largo de la historia, este momento de clímax ha sufrido mucho. Cargado de exigencias, mitos, miedos y tabúes, las mujeres aprendimos que el placer sexual es sucio, malo, o chancho. He aquí algunos ejemplos…

“¡Es un pecado! ¡Es un vicio! ¡Si haces eso morirás!”, escribió la princesa Marie Bonaparte en su diario, cuando una de sus cuidadoras la encontró masturbándose a los 9 años de edad. Marie, bisnieta de Napoleón Bonaparte, fue pionera en el estudio de la sexualidad femenina. Consideraba que “una mujer que no pudiera tener un orgasmo mientras era penetrada era un problema de anatomía”, por lo que planteó una hipótesis: la distancia entre el clítoris y la entrada de la vagina se relacionaba de forma inversa con la posibilidad de conseguir un orgasmo por penetración. A mayor distancia anatómica, menor chance de conseguirlo. Para comprobarlo se sometió a tres cirugías genitales, con repercusiones desastrosas sobre su sexualidad. Marie, no era cuestión de anatomía!

Por su parte Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, se encargó de crear uno de los mitos más grandes de la historia respecto al mismo: “las mujeres empiezan la vida teniendo el clítoris como zona erógena rectora, pero en el proceso por el cual una niña se hace mujer debían transferirla a la vagina (…) A menudo se requiere cierto tiempo para que se realice esa transferencia. Durante ese lapso la joven es anestésica (frígida, insensible).” Y agregó: “En este cambio de la zona erótica rectora, (…) residen las principales condiciones de la proclividad de la mujer a las neurosis, en particular a la histeria”. ¡Cuánto mal nos has hecho Sigmund!

Con el pasar de los años, el estudio del orgasmo femenino ha ganado terreno en el ámbito de las investigaciones científicas, lo que hoy nos permite aseverar que éste tiene muchos beneficios:

  • Mejora el sistema inmunológico aumentando la producción de anticuerpos.
  • Es un ejercicio aeróbico, por lo que mejora tu salud cardiovascular disminuyendo las cifras de presión arterial, colesterol y controlando los valores de azúcar en sangre, por ejemplo. 
  • Reduce el estrés a través de la liberación de endorfinas y oxitocina, las cuales tienen un efecto relajante.
  • Mejora la calidad del sueño. Los efectos ansiolíticos de esas sustancias facilitan conciliar el sueño. 
  • Disminuye el dolor menstrual. Mantener relaciones sexuales durante la menstruación, puede aliviar en gran medida los cólicos abdominales, ya que las endorfinas tienen un efecto analgésico. 
  • Mejora el estado de ánimo, ya que la oxitocina es la hormona responsable de aumentar los niveles de felicidad.
  • Ayuda a la salud psico-emocional, potenciando tu autoconfianza, autoestima e inteligencia emocional. 
  • Mejora la piel. Durante el orgasmo aumenta la circulación sanguínea y se bombea oxígeno hacia la piel, lo que hace que gane brillo y se eliminen toxinas. 
  • Retrasa el envejecimiento, ganando en calidad de vida. Por todo lo anterior, tu salud sexual es un indicador de tu salud general. 

Una consulta frecuente es que logramos alcanzar dicho orgasmo de ciertas formas, y de otras no, como por ejemplo con la penetración, o por estimulación de nuestra pareja. Esta situación suele generar angustia y frustración. 

Es importante entender que, para poder lograr el orgasmo en compañía, primero debemos conseguirlo en soledad. Ahora bien, ¿qué podemos hacer para lograrlo o potenciarlo? 

Lo primero es conocerte. Tu cuerpo está repleto de zonas erógenas que participan en la práctica sexual. La zona erógena primaria por excelencia, es decir aquella zona del cuerpo que por el simple hecho de ser estimulada es capaz de producir la descarga orgásmica, es el clítoris. Es importante que lo conozcas y sepas cómo responde a los distintos estímulos. 

Para ello te recomiendo observar tus genitales externos con un espejo, e intentar las diferentes estructuras: monte de Venus (si no estás depilada) labios externos, labios internos, meato uretral, introito vaginal, glande del clítoris y ano.  

Lo siguiente es aprender a estimular el clítoris. Las formas más frecuentes para ello son a través de la autoestimulación manual y/o el uso de juguetes sexo-eróticos. Te recomiendo el uso de gel lubricante acuoso al momento de que lo hagas, y así evitar la fricción cutánea que pueda llegar a ser molesta.

Concomitantemente, ejercitar el piso pélvico potencia las sensaciones orgásmicas, así como la lubricación vaginal. En tal sentido, los ejercicios de Kegel son los indicados. Puedes hacerlos sola o con la ayuda de las bolas de fisioterapia pélvica. 

Además de la importancia de sentirte cómoda contigo misma, uno de los factores que influyen en la capacidad orgásmica es la excitación, elemento necesario indiscutible para lograrlo. Las fantasías sexuales, visualizar contenido erótico-sexual, la estimulación por parte de tu pareja, etc., permitirán que logres una fase excitatoria satisfactoria. 

He aquí el quid del asunto: Tu capacidad de disfrutar el recorrido, de no pensar en el orgasmo (aunque parezca paradojal), será tu mejor aliado para poder alcanzarlo.

¡A disfrutar!

Por mas info: www.dradufausexologa.com

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