¿BUENA O MALA?

¡Qué difícil catalogar una película! Nunca me gustó decir que una película o serie es buena o mala. No sólo porque no tengo las credenciales, sino porque considero que se abre una abanico enorme ¿es buena o mala según qué parámetros? Lo que quizás para mi es buenísimo, no lo es para otra personas.


Si creo en el gusto, aunque sea muy subjetivo, puedo decir si algo me gustó o no. Hay detractores en este sentido también. Mi amigo Juanpi es de los que dice que el gusto es una cuestión cultural y creo que tiene razón. Pero también pienso que algo nos gusta o no dependiendo de lo que una experiencia nos genera: risa, emoción, llanto, agrado o desagrado, un sinfín de sensaciones.


Hace unos días leí que Togo, la última película uruguaya de Israel Adrian Caetano, estaba
en el Top 3 de las películas más vistas de habla no inglesa en Netflix. Wooow. Pensémoslo
un minuto. Es una locura. Me imagino un sueco, finlandés, inglés, portugués, mirando la
película y pienso qué les generará a ellos.


Sin haberla visto, hice un planteo en IG preguntando qué les había parecido, reflexiones y demás. Recibí de todo, pero muchos mensajes diciendo que era mala. Frente a eso (aclaro nuevamente que no la había visto aún) me pregunté si los uruguayos somos más exigentes con la producción nacional de lo que lo somos con la extranjera ¿Pasará en otros países también? No tengo respuesta a eso, pero me llevó a las siguientes reflexiones.


Por un lado, no creo que porque un producto sea uruguayo haya que defenderlo a capa y espada. Pero si creo que en muchas ocasiones tenemos ojos más críticos con lo nuestro que lo de afuera. No sé si se trata de la idiosincracia uruguaya o realmente es algo que se presenta en otros países.


Fuera de eso, me decidí a verla. Creo que siempre está bueno ver producción nacional, nos nutre, y pone en el radar momentos que transcurren en la sociedad. Dicen que la producción audiovisual es cíclica como lo es la economía. Hay momentos en que se produce mas ficción, otros reality, documentales, ciencia ficción y así, entonces es interesante vivir esos cambios o procesos.


Con Togo me pasó algo raro, curioso. La película en general no me gustó, pero debo decir que su personaje principal si. Me pareció lenta, quizás esperaba más (ese es un problema también) pero Togo me hizo acordar al Gallego, un cuidacoches con el que me vinculé mucho tiempo pues trabajaba en la
cuadra donde vivía hace unos años. Gallego siempre cuidó a los vecinos y los vecinos a él.
Sé que tuvo que vivir momentos complicados en la calle, mas allá del hecho de no tener un techo, pero siempre defiende su cuadra. Él la pelea todos los días, es como si lo viera caminando con su mochila al hombro, lavando autos, dando una mano a los comercios de la vuelta, haciendo alguna changa, porque es un buscavidas, o simplemente gritándome:

“buen día Sofi ¿cómo estás? ¿la familia? ¿el gordito?”. Si, el gordito era Río, siempre había
un mimo para él.
Pensar que esta historia está recorriendo el mundo me emociona, no es importante si me
gustó o no me gustó.

Entonces, en definitiva, la película sí me generó una emoción, quizás a muchos no los
colmó al cien, o quizás a otros sí, pero pensemos si nos generó algo. Cuando una película
despierta algún sentimiento, para mí, valió la pena.


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